Los envases para alimentos de plástico suponen un doble revés para el
medio ambiente, ya que por un lado el plástico se suele hacer de
productos petroquímicos no sostenibles, y por otro lado, no es
biodegradable, sumándose así al problema de residuos a nivel mundial.
Recientemente, unos científicos han descubierto que la quitina
procedente de los desechos de mariscos puede utilizarse para hacer
nanofibrillas de quitina, un polímero biológico en potencia.
El objetivo del proyecto financiado por la Unión Europea
N-CHITOPACK (Sustainable technologies for the production of biodegradable materials based on natural chitin-nanofibrils derived by waste of fish industry, to produce food grade packaging) es utilizar nanofibrillas de quitina para producir bioplásticos antibacterianos y biodegradables para los envases para alimentos. El proyecto produjo materiales para tres aplicaciones diferentes: cápsulas de café, bolsas de comida y películas para embalaje.
Los investigadores del proyecto N-CHITOPACK investigaron las necesidades de los usuarios finales de los envases biológicos de alimentos a través de encuestas y un análisis de mercado. Junto con una revisión de la literatura, este proceso reveló los requisitos técnicos para las tres aplicaciones diferentes.
Los científicos han completado el análisis técnico de las nanofibrillas de quitina y del quitosano. Este ha puesto de manifiesto que las nanofibrillas de quitina son un material seguro y eficaz para el envasado de alimentos.
Gracias al proyecto se produjeron numerosos materiales que son totalmente biodegradables y bacteriostáticos (las bacterias no pueden reproducirse en el material). N-CHITOSAN también diseñó un estudio a fin de agregar polímeros que derivan del quitosano a los materiales para envases biodegradables existentes.
Esto generará menos residuos, tanto para la industria marisquera como la industria envasadora, y mitigará el impacto económico y medioambiental.