
El calor, la sequía y la escasez de agua no son solo problemas de nuestro tiempo. Hace más de diez mil años, los pastores del Levante se enfrentaron a retos parecidos. El proyecto europeo ICARHUS quiso averiguar cómo gestionaban sus rebaños, con un método que lee las proteínas conservadas en restos animales antiguos. La edad y el sexo de cabras y ovejas revelan mucho sobre el clima del pasado — y al final puedes comprobar si llevas dentro un pastor de la Edad de Piedra.
El rápido cambio climático es uno de los problemas más urgentes de nuestro tiempo, entre otras cosas porque afecta gravemente a la producción de alimentos en todo el mundo. Sin embargo, no es la primera vez que los seres humanos tienen que adaptarse a un entorno cambiante. En el pasado también hubo que hacer frente al aumento de las temperaturas y a la disminución de los recursos hídricos.
Por eso los investigadores miran atrás. Saber cómo respondieron entonces las comunidades ofrece pistas sobre cómo podríamos adaptarnos hoy a unas condiciones climáticas cambiantes. Esa fue la idea del proyecto ICARHUS, financiado por las acciones Marie Skłodowska-Curie (MSCA). Su equipo utilizó la paleoproteómica, una nueva técnica molecular, para arrojar luz sobre las prácticas de pastoreo en el Levante hace más de diez mil años.
La agricultura y la domesticación de animales son aspectos clave del Neolítico y dieron lugar al surgimiento de asentamientos humanos permanentes. Para comprender estos avances, los investigadores se basan en los restos materiales hallados en yacimientos arqueológicos.
ICARHUS se centró en cuatro yacimientos de Jordania, donde estudió los restos de sociedades pastorales de hace entre catorce mil y ocho mil años. Este abanico de fechas abarca desde la etapa más temprana de la domesticación hasta otra mucho más avanzada, miles de años después. Así se puede seguir la evolución de las prácticas ganaderas.
Los yacimientos tienen otra ventaja: abarcan los años más secos y cálidos que siguieron al Dryas Reciente, un período de enfriamiento abrupto en el hemisferio norte. Por eso permiten estudiar cómo se enfrentaron al cambio climático los humanos prehistóricos.
Louise Le Meillour, beneficiaria de una beca MSCA, explica por qué este contexto es tan interesante: «Se sabe muy poco sobre la adaptación concreta de los seres humanos a los cambios climáticos del pasado. Obtener más información sobre dónde se asentaban las poblaciones y cómo explotaban su entorno puede ayudar a las poblaciones actuales, que se ven afectadas por el aumento de las temperaturas, la disminución de los recursos hídricos y el rápido cambio climático que estamos experimentando en todo el mundo».
Los hallazgos arqueológicos, como los huesos de animales domesticados, tienen mucho que enseñarnos sobre la historia biológica y cultural de las sociedades prehistóricas. Por desgracia, las condiciones áridas del Levante han dejado pocos restos.
Además, otras herramientas analíticas avanzadas, como las tecnologías de ADN antiguo, no resultan eficaces allí. El equipo necesitaba otro camino.
Ese camino fue la paleoproteómica. Esta técnica analiza las secuencias proteicas que quedan en artefactos muy variados, por ejemplo:
Le Meillour cuenta para qué la utilizó el equipo: «En el marco de ICARHUS, utilizamos la paleoproteómica para generar datos relacionados con las gacelas, de las que se sabe muy poco desde el punto de vista biológico, así como sobre las estrategias de gestión de rebaños caprinos en función de la edad y el sexo de las poblaciones sometidas al cambio climático», explica.
La selección humana de especies, edad y sexo está directamente influenciada por el clima. Por eso los restos de cabras y ovejas funcionan casi como un registro de las decisiones de los pastores. Dos ejemplos muestran cómo leerlo:
ICARHUS es el primer proyecto de la historia que intenta comprender las estrategias de pastoreo prehistóricas determinando el sexo de los restos de ovejas y cabras. Al igual que los humanos modernos, las comunidades prehistóricas se enfrentaban a retos relacionados con el clima.
Estudiar cómo gestionaban sus rebaños ante las limitaciones ecológicas ayuda a comprender mejor las opciones que se nos presentan en un mundo que se calienta rápidamente. Los huesos antiguos y la placa dental se convierten así en una fuente de conocimiento útil también hoy.
Hace miles de años, los pastores del Levante lidiaron con el calor y la falta de agua, y sus decisiones dejaron huella en los restos de sus animales. El proyecto ICARHUS lee esas huellas con la paleoproteómica, que funciona donde las tecnologías de ADN antiguo fallan. La edad y el sexo de cabras y ovejas muestran cómo la gente adaptaba sus rebaños a las condiciones y ofrecen pistas para pensar en la adaptación al cambio climático actual.
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