
Las turbinas eólicas, los coches eléctricos y los móviles comparten un ingrediente oculto: imanes fabricados con tierras raras. Sin embargo, en Europa se recicla actualmente menos del 1 % de estos imanes. El proyecto europeo REEPRODUCE prueba cómo sacarlos de aparatos desechados, como las ruedas de patinetes eléctricos, y convertirlos en nuevos metales de forma rentable – y al final puedes comprobar qué haces tú con tu electrónica vieja.
Los elementos de tierras raras, conocidos por sus siglas en inglés REE, son un grupo de diecisiete metales. El nombre suena exótico, pero están en aparatos que conocemos bien: turbinas eólicas, motores de vehículos eléctricos y dispositivos móviles.
Su papel clave está en los imanes. «Los REE son un componente importante de los imanes permanentes más fuertes que existen hoy en día», explica Ana María Martínez, coordinadora del proyecto REEPRODUCE en SINTEF, en Noruega.
Con metales tan importantes, cabría esperar que se recuperaran a gran escala. No es así. Martínez recuerda que «actualmente se recicla menos del 1 % de los imanes de tierras raras en Europa, principalmente en la fase previa al consumo».
Dicho de otro modo, hay un potencial sin explotar. La mayor parte de los imanes que contienen los aparatos desechados no vuelve a utilizarse.
El proyecto REEPRODUCE, financiado por la Unión Europea, buscaba precisamente eso: validar tecnologías piloto y evaluar su eficiencia a lo largo de toda la cadena, desde los productos desechados hasta los nuevos imanes.
El equipo desarrolló soluciones para cada etapa del proceso:
Cada paso resuelve un problema distinto, desde encontrar los aparatos adecuados entre los residuos hasta devolver el material recuperado a su forma metálica.
El reciclaje europeo de tierras raras reduce la dependencia de las importaciones y encaja con políticas como el Reglamento de Materias Primas Fundamentales.
Pero no es barato ponerlo en marcha. «Se necesita una inversión significativa para construir plantas capaces de reciclar imanes», advierte Martínez.
El equipo también calculó a partir de qué escala el negocio tiene sentido. Según Martínez, «una planta de reciclaje necesitaría extraer un mínimo de mil toneladas de imanes» al año para ser viable económicamente.
Esto significa que cuantos más aparatos viejos lleguen a los recicladores, más cerca estará Europa de alcanzar ese umbral.
REEPRODUCE muestra cuántos campos confluyen en un solo imán: la robótica en la extracción, la química y la metalurgia en el procesamiento y la economía a la hora de calcular si todo sale a cuenta. Es un tema en el que ingenieros y economistas tienen que hablar el mismo idioma.
Las tierras raras son la base de los imanes permanentes más fuertes, pero en Europa se recicla menos del 1 % de estos imanes. El proyecto REEPRODUCE ha probado toda la cadena: clasificación, extracción con un brazo robótico, una planta piloto que procesa 70 toneladas anuales de imanes y un prototipo que produce unas 22 toneladas anuales de metales. Para ser rentable, una planta de reciclaje necesitaría al menos mil toneladas de imanes al año.
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