
En África Oriental, los pequeños agricultores cultivan parcelas de menos de dos hectáreas y, aun así, generan hasta el 70 % de los alimentos locales. El proyecto PrAEctiCe, financiado por la UE, ha intentado convertir la idea general de la agroecología en indicadores concretos que ayuden a decidir qué hacer en cada explotación, y los ha puesto a prueba en Kenia, Uganda y Tanzania — al final puedes comprobar cuánto has captado de este paso de la idea a las cifras.
Una parcela de menos de dos hectáreas no parece gran cosa. Sin embargo, es justamente en terrenos de ese tamaño donde los pequeños agricultores de África Oriental generan hasta el 70 % de los alimentos locales. De su trabajo depende, por tanto, buena parte de la seguridad alimentaria de la región.
Las dificultades no faltan: el cambio climático, la escasez de recursos y las limitadas oportunidades económicas ponen en riesgo ese equilibrio. De ahí parte la pregunta del proyecto PrAEctiCe, financiado por la UE: ¿cómo ayudar de forma concreta a quienes cultivan estos campos?
La respuesta elegida por el proyecto es la agroecología. Jan Hoinkis, de la Hochschule Karlsruhe, que coordina PrAEctiCe, la define así: “La agroecología se refiere a sistemas agrícolas y alimentarios productivos, sostenibles, resilientes y respetuosos con el medio ambiente, que combinan el conocimiento indígena con la ciencia de vanguardia”.
Y añade: “Su objetivo es optimizar las interacciones entre las plantas, los animales, los seres humanos y el medio ambiente, a la vez que promueve sistemas alimentarios justos, equitativos y soberanos”. En torno a esta idea, el proyecto reunió a investigadores, agricultores, asesores y actores de la sociedad civil de Europa y África.
El problema es que, dicha así, la agroecología sigue siendo una idea muy amplia. Quien gestiona una pequeña explotación necesita saber qué cambia de verdad con una decisión y si le conviene. “Nuestro objetivo es transformar la agroecología, pasando de ser un concepto amplio a un marco de decisión operativo y basado en la evidencia, que pueda respaldar las decisiones reales a nivel de explotación agrícola”, explica Hoinkis.
El resultado es una herramienta práctica de apoyo a la toma de decisiones pensada sobre todo para los asesores, es decir, para quienes trabajan a diario junto a los agricultores. Su tarea es traducir conceptos agroecológicos complejos en métricas específicas para cada explotación.
El nuevo conjunto de indicadores se centra en los sistemas circulares de agua, energía y nutrientes. Con la herramienta se puede valorar, entre otras cosas:
Según Hoinkis, ahí está la novedad: “Eso es único, ya que se trata de áreas que no habían sido suficientemente contempladas en los marcos de indicadores agroecológicos existentes”.
Las herramientas no se quedaron en el papel. El proyecto las probó en tres países de África Oriental:
Conviene leer las cifras con atención: en Uganda el recuento se refiere a partes interesadas, no solo a agricultores.
Uno de los resultados que el coordinador más destaca no es un indicador, sino la red de personas e instituciones creada entre Europa y África. “La red en sí misma es un resultado importante porque la transición agroecológica requiere más que soluciones técnicas: también requiere confianza, conocimiento local, capacitación y la adopción institucional”, señala Hoinkis.
Dicho de otro modo, incluso la mejor herramienta sirve de poco si faltan personas formadas y relaciones de confianza sobre el terreno.
El proyecto ya mira más allá. “Confío en que seguiremos ampliando el legado de PrAEctiCe, que consiste en hacer que la transición agroecológica sea más cuantificable, práctica y adaptada a las necesidades locales de los pequeños agricultores de África Oriental”, concluye Hoinkis.
PrAEctiCe parte de un dato sencillo: en África Oriental, parcelas de menos de dos hectáreas generan hasta el 70 % de los alimentos locales. Para apoyar a quienes las cultivan, el proyecto tradujo la agroecología en indicadores concretos sobre agua, energía, nutrientes, medio ambiente y viabilidad financiera, pensados para los asesores. Los probó en Kenia, Uganda y Tanzania con formaciones para miles de personas y construyó una red que, según su coordinador, pesa tanto como la propia técnica.
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