
El teñido de tejidos es una de las etapas más dañinas para el medio ambiente en la fabricación de ropa: consume enormes cantidades de agua y buena parte del tinte ni siquiera se fija al tejido. Un equipo dirigido por Filipe Natalio, de la Universidad NOVA de Lisboa, busca un camino muy distinto: que el algodón adquiera el color en la propia planta, mientras crece. El proyecto HYDROCOLTON combina química, biología vegetal e hidroponía — y al final puedes comprobar si tu armario es respetuoso con el medio ambiente.
La producción textil aún se basa en prácticas establecidas durante la Revolución Industrial, que no son adecuadas para un futuro sostenible a largo plazo. Las dos etapas con mayor impacto ambiental son el teñido y el acabado. Ahí se va gran parte del agua y de los productos químicos.
Filipe Natalio, profesor asociado de la Universidad NOVA de Lisboa, subraya que el problema no es solo ecológico. «Eso no solo es perjudicial para el medio ambiente, sino que también es un proceso muy ineficiente», afirma el investigador. Y explica: «La mayor parte del agua contiene tintes que no se adhirieron a los textiles».
La magnitud del problema se ve bien en los datos que recoge el artículo:
La última cifra dice mucho a los estudiantes, que a menudo compran ropa rápida y barata: cada compra deja huella, aunque no figure en la etiqueta.
HYDROCOLTON es una iniciativa pionera en sostenibilidad textil financiada por el Consejo Europeo de Investigación. Su objetivo es conseguir que las plantas de algodón produzcan fibras de colores a medida que crecen. Al cambiar la forma en que el algodón absorbe o expresa los pigmentos internamente, el proyecto busca eliminar por completo el uso intensivo de agua y el procesamiento químico que hoy se necesitan en las etapas posteriores.
Natalio sabe cómo suena: «Sé que suena un poco a ciencia ficción», reconoce. Y añade enseguida: «Pero hemos demostrado que el concepto funciona».
La forma tradicional de obtener algodón de color en la planta en crecimiento sería recurrir a la genética. El equipo optó por otro camino y aprovechó la bioquímica propia de la planta. Introdujo en el agua moléculas especialmente diseñadas, derivadas de la glucosa. La planta las transportó de forma natural, por capilaridad, hasta las fibras de algodón en desarrollo, donde se incorporaron durante el crecimiento.
El equipo llama a este concepto «agricultura de materiales». Natalio lo explica así: «La idea es que, en el futuro, podríamos cultivar materiales con propiedades incorporadas en lugar de fabricarlos y procesarlos químicamente después».
Y lo compara con un clásico escolar: «No puede ser más natural. La analogía es el clásico experimento escolar en que se sumerge una flor blanca en agua teñida para demostrar el transporte por el agua… ¡pero quizá un poco más avanzado!».
Para Natalio, uno de los hallazgos más interesantes fue que el método funcionó en plantas enteras. «Todavía no comprendemos del todo los mecanismos biológicos subyacentes, y responder a esas preguntas fundamentales es precisamente la razón por la que este tipo de investigación en fase inicial, impulsada por la curiosidad, es tan importante», señala.
Más allá del descubrimiento científico, la estrategia tiene otra ventaja. Como no modifica los genes de la planta, podría evitar muchas de las barreras regulatorias y de los obstáculos de aceptación pública asociados a los cultivos genéticamente modificados.
HYDROCOLTON está explorando la tecnología en entornos agrícolas reales con la producción hidropónica de algodón, que ofrece un sistema simplificado y muy controlado para las pruebas.
El socio es Agromethod Labs, una empresa emergente portuguesa liderada por mujeres y pionera en el cultivo hidropónico de algodón en Portugal. «Convirtieron a Portugal en el único país europeo, y uno de los pocos en el mundo, en tener toda la cadena de suministro de algodón cultivada de esta manera», explica Natalio.
La ambición va más allá de un solo país: «Nuestra ambición no es simplemente recuperar la producción de algodón en Europa, sino desarrollar aquí prácticas transformadoras que, en última instancia, puedan adoptarse en todo el mundo», comenta.
Aún es pronto, reconoce Natalio. El equipo trabaja con colaboradores para validar la tecnología y mejorar su preparación para el mercado. «Estas colaboraciones nos están ayudando a evaluar el potencial técnico y comercial», afirma. El siguiente paso es conseguir más financiación para ampliar la tecnología y acercarla al mercado.
Para quienes estudian biotecnología, química, ciencias ambientales o ingeniería textil, es un buen ejemplo de cómo la investigación básica se encuentra con un problema muy práctico de la industria.
El equipo de Lisboa ha demostrado que moléculas derivadas de la glucosa, administradas a la planta con el agua, pueden incorporarse a las fibras de algodón en crecimiento. El método funciona en plantas enteras, no requiere modificación genética y se está probando en cultivo hidropónico en Portugal. Los mecanismos biológicos aún esperan una explicación completa.
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