
¿Llegaré sin cargar? ¿Habrá un punto de recarga libre? Estas dudas siguen frenando a muchos conductores ante el coche eléctrico. El proyecto europeo OPEVA, con 35 socios de nueve países, ha trabajado en rutas planificadas por inteligencia artificial y en sistemas de gestión de baterías capaces de vigilar cada celda durante la marcha. Sus resultados afectan a tu futuro primer coche y a los paquetes que pides por internet — y al final puedes comprobar si estás listo para la electromovilidad.
Los vehículos eléctricos son una pieza clave de la estrategia de la Unión Europea para reducir las emisiones de carbono, pero su adopción avanza más despacio de lo esperado. Muchos conductores siguen preocupados por la autonomía, por lo que tardan en recargarse y por una infraestructura de carga que todavía consideran limitada. Esa sensación de no saber si se llegará al destino tiene incluso nombre: ansiedad por la autonomía.
El proyecto OPEVA (OPtimization of Electric Vehicle Autonomy), financiado por la UE, se propuso atacar el problema desde dos frentes: planificar mejor los trayectos y sacar más partido a las baterías. El objetivo es que el coche eléctrico se perciba como una opción fiable y eficiente desde el punto de vista energético.
El consorcio reunió a 35 socios de nueve países europeos y estuvo coordinado por la empresa francesa Pertimm. El proyecto arrancó el 1 de enero de 2023 y terminó el 30 de abril de 2026, dentro del ámbito de programas digitales, industriales y espaciales de la UE. Su coste total fue de algo más de 22,8 millones de euros, de los cuales la Unión aportó unos 7,6 millones.
Tom Dizdarevic, investigador de Pertimm, resume así el enfoque: «Nuestro trabajo impulsa la planificación de rutas para vehículos y la ingeniería de baterías, yendo más allá de soluciones aisladas y con un único objetivo para avanzar hacia sistemas integrados, con múltiples objetivos e impulsados por la inteligencia artificial, que mantienen la energía y la seguridad en el centro de la toma de decisiones».
Uno de los resultados más visibles es KT9, un servicio de planificación de rutas que tiene en cuenta la energía y que está pensado para la entrega de último kilómetro, es decir, el tramo final hasta la puerta del cliente. Ahmet Yazici, profesor de la Universidad Eskişehir Osmangazi (ESOGU), explica el punto de partida: «Las herramientas de planificación de rutas tradicionales optimizan un único objetivo e ignoran las realidades del funcionamiento de los VE: el consumo de energía, la autonomía limitada y el comportamiento de recarga».
No es un detalle menor. Según Yazici, «La entrega de último kilómetro es uno de los segmentos más costosos, congestionados y con mayor intensidad de emisiones de la cadena de suministro». Para abordarlo, el equipo diseñó un algoritmo adaptativo que combina la búsqueda local con el recocido simulado. El sistema busca el mejor equilibrio entre cuatro objetivos a la vez:
El resultado, según el equipo, es menos ansiedad por la autonomía, un mejor aprovechamiento de las flotas y menos emisiones.
El segundo frente fue el sistema de gestión de baterías, el «cerebro» que controla cómo se carga y se descarga el paquete de celdas. OPEVA desarrolló algoritmos avanzados para estimar el estado de salud y el estado de carga de la batería, un control del motor tolerante a fallos, comunicación óptica e inalámbrica entre componentes y funciones de ciberseguridad.
Dino Hrvanovic, investigador del centro austriaco ViF, lo valora así: «En conjunto, estas soluciones mejoran el rendimiento, la seguridad, la fiabilidad y la confianza de los usuarios en las baterías de los VE, a la vez que fomentan la movilidad sostenible».
Una de las novedades más llamativas es una unidad de gestión de celdas capaz de realizar espectroscopia de impedancia en cada celda por separado. Esta técnica envía pequeñas señales eléctricas y analiza la respuesta, lo que permite conocer el estado interno de la celda. Roberto Simmarino, presidente de la empresa italiana Sensichips, lo subraya: «Nuestra UGC introduce por primera vez la capacidad de medir la espectroscopia de impedancia a nivel de cada célula individual mientras la batería está en funcionamiento».
El proyecto también trabajó con modelos de aprendizaje federado y de aprendizaje por refuerzo, construyó un demostrador funcional de sistema inteligente de gestión de baterías de 48 V y desarrolló una cadena de sensores pasivos RFID para medir la temperatura y la deformación.
Las piezas no se quedaron en el papel. El equipo validó los componentes de forma conjunta en nueve demostradores en condiciones reales. «Gracias a nuestro método colaborativo único, hemos convertido los conceptos de investigación en sistemas operativos y probados sobre el terreno», afirma Dizdarevic.
Para quien estudia hoy, el tema es menos lejano de lo que parece. Es probable que muchos jóvenes se planteen un coche eléctrico como primer vehículo, y rutas más inteligentes y baterías mejor vigiladas pueden hacer que esa elección resulte más tranquila. Además, los paquetes que se piden por internet recorren justo ese último kilómetro que OPEVA intenta hacer más eficiente. Y para quien busca carrera, proyectos así reúnen electromovilidad, informática e inteligencia artificial, automática y logística.
OPEVA ha abordado los principales miedos de los conductores de coches eléctricos con dos herramientas: una planificación de rutas que equilibra distancia, tiempo, energía y retrasos, y una gestión de baterías capaz de medir cada celda durante la marcha. Validadas en nueve demostradores reales, estas soluciones apuntan a vehículos eléctricos más fiables, entregas más limpias y usuarios con más confianza.
Fuente: CORDIS, Comisión Europea.
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