
La misma humedad que al amanecer se posa en forma de rocío sobre la hierba podría convertirse en una fuente de electricidad que funcione de día y de noche, aunque no brille el sol ni sople el viento. El proyecto europeo CATCHER ha puesto a prueba esta idea con convertidores que trabajaron miles de horas sin perder rendimiento. Su historia muestra cómo nace una nueva fuente de energía, de la teoría a los ensayos — y al final puedes comprobar si la energía del futuro va contigo.
La transición energética depende en gran medida del sol y del viento, dos fuentes limpias pero intermitentes: de noche no hay radiación solar y en los días de calma los aerogeneradores se detienen. Por eso los investigadores buscan recursos renovables que puedan complementar a los ya conocidos. Uno de los candidatos más sorprendentes está literalmente a nuestro alrededor: el vapor de agua que contiene el aire. La humedad atmosférica está presente en casi todas partes y los procesos naturales la renuevan de forma constante.
Cada dispositivo capaz de aprovecharla produce solo una pequeña cantidad de energía, pero el recurso es tan abundante y tan omnipresente que merece una investigación seria. Esa es la apuesta de un equipo europeo que ha trabajado durante cuatro años en convertir la humedad en electricidad.
CATCHER es un proyecto financiado por la Unión Europea a través del Consejo Europeo de Innovación (EIC). Se desarrolló entre el 1 de abril de 2022 y el 31 de marzo de 2026 bajo la coordinación de COFAC, la entidad vinculada a la Universidad Lusófona de Portugal. Al frente estuvo Svitlana Lyubchyk, profesora titular de esa institución y coordinadora del proyecto. Su punto de partida fue una tecnología ya existente de conversión de humedad en electricidad, que el consorcio se propuso desarrollar y mejorar.
Según explica la coordinadora, «el objetivo principal era definir una estrategia viable para una futura tecnología autónoma de conversión de humedad en electricidad que complemente tecnologías convencionales como la solar y la eólica».
El principio descrito por el proyecto se basa en la adsorción: la superficie de un material capta moléculas de vapor de agua presentes en el aire, y la energía asociada a ese proceso se transforma en electricidad dentro de unas unidades de conversión. A diferencia de un panel solar o de una turbina, el sistema no necesita luz ni movimiento del aire, solo la humedad que ya existe en el ambiente.
Los investigadores estudiaron con detalle qué ocurre dentro de estos convertidores, en especial cómo interactúan poros de distintos tamaños en el material y en qué condiciones el dispositivo trabaja mejor.
La cifra que más llama la atención se refiere al potencial total. «Según nuestros cálculos, la energía asociada a la adsorción de agua atmosférica equivale a unas cincuenta veces el consumo energético mundial anual», afirma Lyubchyk. Conviene subrayar el matiz que ella misma añade: no es una producción real ni una previsión, sino un techo teórico.
«Se trata de una estimación teórica del máximo aprovechable, que sitúa a la humedad atmosférica entre los recursos renovables más abundantes del mundo, en una escala comparable a la energía eólica y superior a otros recursos renovables que ya se explotan comercialmente», precisa la investigadora.
Los socios del proyecto optimizaron las unidades de conversión y las sometieron a pruebas prolongadas. Estos son los principales resultados:
La meta a largo plazo es ofrecer una tecnología energética de suministro ininterrumpido, fácil de usar y totalmente reciclable, adaptable a entornos muy distintos: desde plantas de producción de energía hasta viviendas. Su gran ventaja sería funcionar las veinticuatro horas, cubriendo los huecos que dejan el sol y el viento.
«Un nuevo producto capaz de complementar las tecnologías existentes y de responder a importantes retos de eficiencia energética reforzará el mercado europeo de las energías renovables y la generación descentralizada», señala Lyubchyk. Según la coordinadora, esto contribuiría también al objetivo de la UE de disponer de un sistema energético basado íntegramente en fuentes renovables en 2050.
CATCHER es un buen ejemplo de cómo un proyecto del Consejo Europeo de Innovación avanza desde la investigación básica hasta un prototipo probado durante miles de horas. Para quien estudia o piensa estudiar ingeniería energética, física, química de materiales o ingeniería ambiental, la historia muestra que las nuevas fuentes de energía no aparecen de un día para otro: primero hay una idea, después una estimación teórica, luego el estudio de los materiales y, por último, ensayos largos en condiciones reales.
También enseña a leer las cifras con espíritu crítico y a distinguir entre el potencial teórico de un recurso y lo que una tecnología concreta es capaz de ofrecer hoy.
El proyecto CATCHER, coordinado desde Portugal y financiado por el EIC, ha trabajado en convertir la humedad del aire en electricidad. Sus convertidores funcionaron más de 9000 horas sin perder rendimiento en condiciones cambiantes, y el equipo calcula que el potencial teórico del recurso equivale a unas cincuenta veces el consumo energético mundial anual. Aún no es una fuente lista para el mercado, pero sí una vía prometedora para complementar el sol y el viento con energía disponible día y noche. Más información en el artículo de CORDIS.
Fuente: CORDIS, Comisión Europea.
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